Lo que fue el libro 'Tres Metros Sobre El Cielo' para una generación

Mis amigas y yo fuimos esas chavalas que querían ser Babi de 'Tres metros sobre el cielo'. Por suerte no lo fuimos nunca, pero, y lo bien que nos lo pasamos con esa historia ¿qué?.

28 abril 2022 ·
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Hace poco me cambié de piso. Nada que no haya hecho antes. Unas siete u ocho veces desde que soy mayor de edad. Esta vez era distinto porque, a diferencia de todas las ocasiones anteriores, esta lucía algo más perenne. Tener veintipico años es agotador, porque no sabes quien eres y hay algo que te hace pensar que tienes que ser algo más. Y cuando no encuentras ese 'algo grande' que lograr, intentas que tus paredes representen lo que eres -o, más bien, lo que quieres ser-. En este cruce de pensamientos, entre la locura y lo absurdo, estaba yo hace unos días. Me había comprado una estantería Billy en Ikea y tenía una caja con unos libros de Blackie, estaba un poco más cerca de ser aquello de lo que se ríe Ana Iris. Sin ser yo su fan pero tras haberme leído el libro más polémico de aquel año me sentía personalmente aludida y ofendida.

De repente, estaba delante de la 'estantería más vendida de la historia' sacando títulos de pseudointelectual de una caja de cartón marca Grefusa. Al lado de una especie de palomita muy sonriente ponía 'libros' en rotulador permanente. Una vez colocados, quizá algo embriagada por la sensación de estabilidad que tenía en ese nuevo salón, fui a la casa de mi infancia en busca de algún ejemplar que se pudiera 'rescatar'.

Cuando pensaba en este rescate no creía que nada estuviera en peligro, sino que salvaba libros que no merecían quedarse de por vida en la habitación de una adolescente que ya no existía. Supongo que buscaba alguna obra que me dijera que ya con 15 años era una erudita, algo que aunque no es cierto siempre queremos creer. Sin darle demasiadas vueltas cogí algunos que parecían serios pero de los que ahora mismo no recuerdo el título. Y me traje toda una colección de Federico Moccia.

El libro de Federico Moccia fue un fenómeno de masas cuando yo iba al instituto

Los libros de Federico Moccia, especialmente '3MSC' y sus consecuentes adaptaciones audiovisuales fueron un fenómeno de masas cuando yo iba al instituto. Unos enemies to lovers de distinta clase social, lenguaje algo picante y, encima, italianos. Algo tan pop, tan empalagoso y tan dramático, que nos volvió locas. Como siempre que surge algo que nos encanta a las chavalas de instituto, aparecieron los hombres de cultura a decirnos que el libro era una mierda. Así de simple. Y, de repente, para toda la población el libro era una mierda. Nadie le iba a quitar la razón a un señor de cultura. Y quizá la tuviera. La idea de que toda la literatura que se 'debe' consumir tiene que ser de la más alta de las calidades, llena de metáforas, palabras complejas e historias que te hacen pensar es tan absurdo como clasista.

Las que se denominan voces de la cultura siempre lloran la inminente muerte de la literatura. Bien sabido es que para ellos la literatura siempre tiene que ir entre carátulas y nunca puede adaptarse a los tiempos que corren. Me gustaría saber qué han hecho estas personas por preservarla. ¿Pensaba el profesor de lengua de 3º de la ESO que mandarnos leer el libro de 'El Quijote' nos iba a hacer empedernidos lectores? Es ridícula la idea de que la mente adolescente -desconcertada por los cambios que están pasando en su vida, que siente cosas que no entiende y que está aprendiendo a dejar de jugar- va a hacer de la lectura un hobbie gracias a Cervantes. O desde luego no será el caso de la mayoría. Y en esta mayoría estoy yo.

Como siempre que surge algo que nos encanta a las chavalas de instituto, aparecieron los hombres de cultura a decirnos que era una mierda

En esa mayoría estaba la yo adolescente a la que ya no le divertían los libros de Kika Superbruja y Valeria Varita que le habían encantado. De pronto, ya no quería leer en cama porque era aburrido. Llegó la hora de lectura a clase y yo no sabía que llevar. En ese momento, ya no me apetecía pasar el rato con historias llenas de moralejas educativas. Y llegó el boom de Federico Moccia y me los terminé todos en un suspiro. Al igual que lo hice yo, lo hicieron todas mis amigas. Nos prestábamos las continuaciones de los libros como si fueran cromos y rogábamos a nuestros padres ir a la librería. Decenas de recreos comentando la parte por la que íbamos.

Mientras esperábamos a que salieran más, íbamos a la biblioteca a buscar algo que fuera parecido. No lo gozábamos en el tono irónico-condescendiente que parece obligatorio cuando se habla de pop. Lo hacíamos de verdad. Y cuando descubrimos 'Crepúsculo'... Estábamos conquistando una pasión que habíamos estado a punto de perder. Empezamos a leer y muchas ya no paramos. Seguramente, sin los libros a los que los hombres de cultura llamaban 'mierda' miles de chavalas como yo hoy no podríamos, por fin, disfrutar 'El Quijote'.

Y, si no lo disfrutásemos, tampoco pasaría nada.

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