Márgenes de Eduardo Casanova, entre la ética y la estética

Márgenes de Eduardo Casanova, retrata a personas que se encuentran en una situación de exclusión y marginalidad social.

24 mayo 2019 ·
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Eduardo Casanova retrata a personas con adicción a las drogas, enfermedades mentales o prostituidas. Durante un año, el artista ha recorrido las calles y barrios donde viven estas personas y las ha invitado a su propia casa para fotografiarlas en una cama de sábanas de satén. 

Dejando a un lado la calidad artística o estética de este trabajo, podemos preguntarnos sobre su calidad ética. En este trabajo, Casanova despoja a las personas fotografiadas de su contexto, su entorno y las condiciones en las que viven para llevarlas a su particular mundo. De esta manera, parece ser que la pretensión del proyecto no es que el espectador empatice o sea conocedor de la situación de estas personas, sino romantizar la miseria y desgracia que las envuelve, convirtiéndolas en simples objetos estéticos. 

“Márgenes es un ejercicio estético, y mi intención no es que a la gente le parezca bien o mal, eso me da igual; es, simplemente, un ensayo artístico”, “(…) no soy ni un moralista ni Santa Teresa de Calcuta”, comenta el autor. Con estas declaraciones suponemos que Casanova asume que se está aprovechando de la desgracia ajena para su propio beneficio.  Si bien no podemos exigir a los artistas obras de caridad, preocupaciones de carácter social o activismo político, sí que deben ser responsables del uso de sus propias herramientas, pues hay casos en los que el resultado no es inocuo.

Las fotografías invisibilizan la dramática situación que vive cada una de las personas

Las fotografías invisibilizan la dramática situación que vive cada una de las personas y, por tanto, contribuyen a perpetuar el sistema que las castiga y las condena a vivir en una situación de vulnerabilidad social. 

Con todo esto, no pretendemos censurar al artista ni decirle sobre qué puede o no puede hablar. Simplemente se trata de ser conscientes de las repercusiones que las obras artísticas pueden ocasionar a la sociedad. Al fin y al cabo, el arte es cultura y la cultura construye la sociedad.

Son muchos los fotógrafos que han tenido interés y sentido inquietud por fotografiar el lumpen, personas anómalas o extrañas. Un ejemplo es Diane Arbus, conocida como la fotógrafa de los freaks. Sentía fascinación por las personas extrañas y deformes, las caras grotescas y la miseria en la que se veían obligadas a vivir. Diane paseaba por los barrios donde se encontraban, charlaba y entablaba relaciones personales. Siempre desde el respeto, se ganaba su confianza.

En las fotografías de Eduardo Casanova podemos percibir el carácter, el miedo, la singularidad de cada una de las personas fotografiadas. Incluso podemos imaginar sus historias personales. En definitiva, en sus fotografías percibimos la humanidad de personas que apenas hablaban con nadie y que, por una vez, se sentían valiosas. 

Fotógrafos como Sebastiao Salgado, Bruce Davidson, David Goldblatt o Dorothea Lange, nos han mostrado miserias, desgracias, indigencia. Pero gracias a sus fotografías, podemos poner rostro a determinados grupos de personas, comprender situaciones vividas, así como conocer la rutina en un momento específico de la historia.

Habrá quién opine que la fotografía o el arte en general no tiene la obligación de tener una utilidad. Como sí la tienen las fotografías de los recientemente nombrados y no el trabajo de Eduardo Casanova que, según el propio artista, es simplemente estético. Sin embargo, el fin estético de una obra no implica que esta no pueda tener un impacto negativo sobre determinados colectivos.

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