Frente a los acosadores machistas actitud y reggaetón feminista

Desde que cumplí doce años, no recuerdo ni un solo día en que, de una manera u otra, no haya sufrido acoso machista callejero....

24 junio 2020 ·
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Desde que cumplí doce años, no recuerdo ni un solo día en que, de una manera u otra, no haya sufrido acoso machista callejero.

Desgraciadamente y como ya sabemos, no soy la única.

Todas las mujeres que conozco han experimentado en sus propias carnes el acoso machista. Yo era solo una pre-adolescente, es decir, una niña, cuando un hombre desconocido me tocó el culo mientras subíamos las escaleras del metro. Me quedé paralizada; mi única reacción fue ponerme a llorar.

A partir de ese momento, los episodios de acoso se han sucedido día tras día de mi vida. Me han acosado en la calle, la mayoría de las veces siguiéndome, lanzándome miradas obscenas, gritándome marranadas o recibiendo piropos que no me apetece recibir. Otras veces han corrido detrás de mí para alcanzar a tocarme, de nuevo, el culo. A veces, hasta me han acorralado.

Cuando hablo de "acoso callejero" no me refiero solo al que tiene lugar en la misma calle; me refiero a todo tipo de acoso machista que sucede en lugares públicos. Cada vez que me subo al metro, al tren o a un autobús, sé que tendré que apartarme de algún baboso y lanzar miradas fulminantes por doquier. Y, por supuesto, cada vez que salgo por la noche sé que tendré que lidiar con varios machirulos dispuestos a ligar con alguna muchacha, sea como sea, al precio que sea y sin tener en cuenta si la moza en cuestión quiere tema o no.

Es pisar un pub, una discoteca o un bar y ya tienes al típico grupo de machos acosándote.

Muy pocos se dan por vencidos al primer "no". La mayoría es tan insistente que terminas arrepintiéndote de haber salido. A veces el acoso es tan insufrible que terminas marchándote antes de tiempo, muchas veces después de haber sido insultada por el/los acosadores en cuestión.

El acoso hacia las mujeres no solo se produce en las calles, en los bares, en las discotecas o en el transporte público. También tiene lugar en el trabajo, en las universidades y espacios educativos, dentro del ámbito familiar, de los grupos de amigos e, incluso, dentro de las propias parejas. Las redes sociales también son un paraíso para los acosadores y más en tiempos de pandemias y confinamientos. Porque ellos se creen con derecho a enviarte mensajes privados llenos de insinuaciones y marranadas, o a enviarte su foto-pene sin que tú se lo hayas pedido, por supuesto.

Lo peor de todo esto es que la sociedad patriarcal en la que vivimos hace que las mujeres nos sintamos avergonzadas y culpables de haber sufrido acoso o, lo que es peor, una agresión machista. Culpables por vestirnos como queramos, mostrar nuestros cuerpos como queramos, amar como queramos, bailar como queramos y disfrutar o expresar nuestra sexualidad cómo nos dé la real gana.

El acosador de manual no entiende que quieras perrear sola. No queda otra opción que rebelarse contra el acosador de manual. Porque hermanas, hermanes, hermanos: Contra los acosadores machistas, solo sirve la actitud y el reggaetón feministas.

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