Industria alimentaria y especismo, qué fácil es comer con los ojos cerrados

El veganismo es una opción saludable. Pero sigue siendo considerado un modelo de vida peligroso y extremista. Mientras que comer carne prevalece como lo...

14 mayo 2018 ·
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El veganismo es una opción saludable. Pero sigue siendo considerado un modelo de vida peligroso y extremista. Mientras que comer carne prevalece como lo normal.

En occidente nos parece un acto salvaje comer carne de gato o de perro porque son seres que nos acompañan. Son adorables y los queremos. Algunos tienen a estos animales en casa. Forman parte de la unidad familiar y, en el mejor de los casos, reciben todo tipo de atenciones. Sin embargo, la idea de comer carne de cordero, de cerdo o de pollo, nos parece totalmente válida. Este es uno de los síntomas que demuestran que pertenecemos a una sociedad con un gran problema de especismo. 

La RAE incorporó el término especismo hace cuatro meses. Lo define como la “discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores”. O la "creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio"

Pertenecemos a una sociedad con un gran problema de especismo.

La carne de los animales forma parte de nuestra dieta. Nos vestimos con sus pieles e incluso compramos productos cuya fabricación ha supuesto experimentar en ellos y todo esto es considerado “lo natural”. Pero, en el momento en el que se empieza a producir masivamente y se pierde el vínculo con la naturaleza, “lo natural” nos queda bastante lejos. Sin embargo, la ideología que rechaza el consumo y la explotación de animales, -el veganismo-, es considerado un movimiento radical.

Para explicar esto tenemos que hacer uso del término carnismo, que acuñó la doctora en Psicología social Melanie Joy. Hace referencia al  “sistema de creencias que subyace a los actos de producción y al consumo de carne”. Es decir, una persona que come carne es una persona carnista y no carnívora, como solemos llamarlo. Ya que un ser carnívoro es aquel que necesita la carne para vivir.

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Antes de que existiera el término carnismo, ya existía el término vegetarianismo o veganismo. También, salvando las distancias, antes de que existiera el término patriarcado existía el de feminismo.

Lo curioso de esto es que, antes de que existiera el término carnismo, ya existía el término vegetarianismo o veganismo. También, salvando las distancias, antes de que existiera el término patriarcado existía el de feminismo. Es un ejemplo de que cuando un sistema está tan arraigado, surge antes el concepto que da nombre a la ideología minoritaria y opuesta. Y es esta la que demuestra que formamos parte de un sistema de opresión o que convivimos con él. Asimismo, como el veganismo lucha contra creencias interiorizadas se considera extremista. Y el carnismo, por su parte, ni siquiera es un término popular.

La explotación animal llevada a cabo por el occidente opulento no es solo consecuencia del especismo. Sino que este va acompañado del neoliberalismo que permite que exista un sector controlado por pocas empresas. Con una falta de transparencia evidente y que pone la reducción de gastos por encima de todo. Aunque eso suponga hacinar en espacios ridículos a animales en condiciones deplorables. Sin mencionar la situación de los trabajadores de la industria. Con contratos de falsos autónomos y sin ningún tipo de derecho laboral. Tal y como relataba un informe de CCOO del pasado mes de diciembre. Además, dichos trabajadores están expuestos a riesgos físicos y psicológicos graves.

El consumo se justifica a través del mito de las tres “N”: es natural, normal y necesario. Lo repetimos como un dogma.

Para sostener este sistema se mantienen mitos nutricionales que garantizan que es saludable comer carne a diario. o que debemos beber leche para estar fuertes. Muchos expertos siguen aconsejando mantener estos hábitos. A pesar de que numerosos estudios confirman que puede ser perjudicial. A lo que la industria cárnica responde diferenciando entre sus productos más o menos saludables: si lo que quieres es cuidarte come carne blanca y toma leche desnatada. Por otra parte, también se recurre a prejuicios que dictaminan que comer carne es viril. Mientras que la verdura es femenina y sinónimo de debilidad.

especismoPero, sabiendo que no es saludable y sabiendo cómo funciona la industria, ¿Por qué las personas que tienen el privilegio de elegir lo que comen y tienen acceso a dicha información siguen comiendo carne procedente de mataderos?

Melanie Joy en su libro ‘Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas’ habla de la anestesia emocional. Las personas evitan pensar en ello. Evitan las imágenes o la exposición a la información. Muchos prefieren consumir la carne en filetes o troceada para no ver la forma del animal y así aliviar el malestar. En definitiva, el consumo se justifica a través del mito de las tres “N”: es natural, normal y necesario. Lo repetimos como un dogma.

Se recurre a prejuicios que dictaminan que comer carne es viril. Mientras que la verdura es femenina y sinónimo de debilidad.

Los medios de comunicación, los secuaces definitivos, nos ayudan a evadir la realidad. Emiten desinformación sobre la carne e incluso alertan sobre el veganismo. Hay un silencio informativo sobre las prácticas de la cárnica y las condiciones en las que trabajan los empleados del sector. Aunque, desde la emisión del reportaje “Stranger Pigs” de Salvados, se empieza a apreciar un leve cambio en el panorama mediático.

La carne procedente de granjas industriales contiene sustancias como antibióticos, arsénico, hormonas o E. coli. Su consumo puede aumentar el riesgo de padecer cáncer o enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, no hay advertencias sanitarias en las etiquetas de la carne envasada. Tampoco ha cesado la publicidad en los medios. Foster Hollywood, el Pozo, McDonald o Interporc tienen barra libre para publicitarse. Este último, además, ensalza la carne de cerdo y la cataloga como carne blanca. Mientras que la OMS sigue considerándola carne roja.

 

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Galicia y Pablo en el Santuario Wings of Heart

La carne procedente de granjas industriales contiene sustancias como antibióticos, arsénico, hormonas o E. coli. Su consumo puede aumentar el riesgo de padecer cáncer o enfermedades cardiovasculares.

El veganismo es saludable para el medio ambiente. Y por extensión para nosotros y para los animales. Aunque hay que tener en cuenta que en España la industria agraria no está exenta de precariedad. Y que es uno de los sectores que más la padece. Por lo que el vegano no está libre de disonancias cognitivas.

Lo que sí es cierto es que este modo de vida requiere sacrificio y esfuerzo. Se trata de una decisión individual y consciente. Mientras que la de comer carne, en ocasiones, es sólo el resultado involuntario de la imposición del sistema carnista.

Lo mínimo que podemos hacer es observar cómo funciona nuestra cultura de la carne y de la explotación animal. Decidir si queremos participar en ella o no, y en qué medida queremos hacerlo.

Por mi parte, si hubiese naufragado en un viaje escolar, me habría gustado tener la fuerza de voluntad para sobrevivir chupando el musgo de las rocas.

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