Hice una cata de antros de cereales en Salamanca.

He ido a desayunar a los tres locales (de forma seguida) con la intención de hacer una cata del producto que ofrecen, el servicio...

26 marzo 2018 ·
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He ido a desayunar a los tres locales (de forma seguida) con la intención de hacer una cata del producto que ofrecen, el servicio recibido, el espacio en sí, y determinar cual es el más aceptable (si es que se puede).

¿Nunca os ha pasado, que mientras os tomáis vuestra cerveza con tapa en el bar de debajo de casa, en realidad estáis deseando un buen bol de cereales en leche verde? A mí no me ha pasado. Sin embargo parece que es un sentimiento común. Ya que los locales especializados en la venta de cereales proliferan a una velocidad anormal.

Este formato de local, con un nicho de mercado muy específico y. No obstante, muy amplio (dentro de una casa del cereal podemos encontrar familias con niños, adolescentes mojigatos y hasta barbudos con tirantes y sombrero). Es a su vez una inversión segura; ya que no necesita casi ninguna licencia ni producto. Una estantería para cajas, unos bricks de leche. Colorantes y alguna golosina para decorar; esto es todo lo que necesitas para montar tu propio negocio en condiciones.

Las casas del cereal, que aparecen por primera vez en Estados Unidos en 2004. Mas tarde entrarían en Europa en 2014 y concretamente en Madrid en 2016.

Se han diseminado por el territorio español al ritmo en el que en su momento lo hicieron los Starbucks. En la ciudad de Salamanca en concreto (una ciudad de provincias no demasiado moderna) hay actualmente tres locales de esta guisa.

He ido a desayunar a los tres locales (de forma seguida) con la intención de hacer una cata del producto que ofrecen, el servicio recibido. El espacio en sí, y determinar cual es el más aceptable (si es que se puede).

Me despierto a las 9am y me dirijo al primer local de mi ruta: el Cereal Hause Salamanca. Este establecimieto pertenece a la franquicia Cereal Hause, famosa por su estética colorida y abigarrada.

Al llegar a la puerta, lo primero en lo que te fijas es en su gran cartel de cereales rosca estirados a Photoshop, pixelados y oscurecidos. Sobre este fondo de pesadilla gráfica, puedes leer en cursiva blanca el nombre Cereal House. Y a pesar de esta entrada oscura, su interior es ultra luminoso.  Colores saturados saltan de todas las esquinas, todos diferentes, y mezclados con memes, frases motivadoras, personajes de cereales, impresiones de cerales y dibujos sospecho que de niños (aunque en primer momento pensé que serían del propio camarero).

Al final de esta prueba, me vi cara a cara con esa leche oscura. Ese color podría asociarse con el color del arrepentimiento, un marrón grisáceo que me indicaba que acabase con esta farsa.

Tomé asiento y miré en mi carta qué opción desayunar (bol de cereales grande o pequeño, toppings o no toppings, leche entera, desnatada, etc.) mientras me vigilaba el camarero. Voy a poner énfasis en este personaje, ya que marcó completamente mi estancia en el local. Este hombre, medio calvo y vigilante, parecía que no me quería dentro de su local. No daré el perfil de consumidor de cereales

El polvo blanco que hace que todo sepa mejor

habitual, supongo. Me decidí por un bol pequeño de roscas de colores en leche de soja y chocolate, sin toppings. Ya en la barra, me costó pedirle esta opción, ya que el camarero (con una estructura de confección del producto muy sólida), no era capaz de recibir el pedido todo a la vez: Primero cereales, luego toppings, por último la leche. A su vez, le costó mucho asumir que yo no consumiría toppings; insistió mucho en que los añadiera.

 

Cuando conseguí que echara los cereales y la leche en un mismo espacio y me lo llevé a mi mesa, empecé a observar aquello que me iba a comer.

Aquel cuenco contenía roscas de color fosforito bañadas en leche color barro. El contraste era digno de admiración. Llegó la hora de probar mi merecido desayuno.

Un sabor complejo. No diría que asqueroso, pero no repetiría. Los cereales sabían a azucar con un pequeño toque cítrico; experiencia contrastada por el sabor también azucarado de la leche de chocolate. Me comí todos los cereales, aunque los últimos me costaron un poco más. Al final de esta prueba, me vi cara a cara con esa leche oscura. Ese color podría asociarse con el color del arrepentimiento, un marrón grisáceo que me indicaba que acabase con esta farsa.

Tras observar durante un rato los dibujos de niño en la carta y leer por encima La Gaceta (que se encontraba en la barra del bar), me decidí a pagar religiosamente mi desayuno; en concreto 3´5 euros, y salir del establecimiento.

Vagando como un borracho que desea llegar a casa después de la ingesta de un Kebab, llegue al siguiente establecimiento de Cereales, el Cereal Rua, con el deseo de que esta farsa acabara cuanto antes. El sitio parecía mas digno que el anterior, tenia un aspecto como de esos lugares que parecen franquicias pero no lo son, tal vez un sueño roto de un propietario frustrado que quiso crear un imperio con cimientos de leche y avena.

Según mire a las paredes de ese apacible espacio decenas de cajas de cereales empezaron a mezclarse delante de mis ojos.

Puse toda la carne en el asador y solicite un bol de leche azul con nubes de algodón y unos cereales que se asemejaban a los restos de serrín que hay en el suelo de algunos baños públicos para no resbalar con los orines. La cara de compasión de la dependienta al escuchar mi sugerencia me hacia comprender que el desenlace iba a ser fatal al igual que el precio.

Tome asiento en el local que se encontraba vacío cuando entro una señora mayor a comprar un pan, un complemento a los cereales que despachaban en el lugar para crear una vacanal entre el trigo los milenials y los abuelos.

Di dos cucharadas a ese bol y no mas, rápidamente abandone ese lugar con un intenso sabor a dentífrico en mi boca.

El sitio parecía mas digno que el anterior, tenia un aspecto como de esos lugares que parecen franquicias pero no lo son, tal vez un sueño roto de un propietario frustrado que quiso crear un imperio con cimientos de leche y avena.

En el camino entre el Cereal Rua y el Cereal Hunters, el restaurante del tipomás famoso en el panorama nacional, casi vomito. Ya llevaba mucho cereal bañado en arcoíris en mi interior, sin embargo tenía que seguir.

El Cereal Hunters, además de el más famoso a nivel nacional, era el mejor montado a nivel estético. Revestido en madera, y con estanterías plagadas de cajas de cereales exclusivas (cajas con imágenes de corredores, deportistas, películas y personajes de dibujos animados) y pósteres noventeros. Es una estética interesante, ya que atrae tanto a niños cómo a milenials nostálgicos. Ya en la barra, dos chicas con su uniforme de cereal me tomaron el pedido. Un bol pequeño de leche amarilla con Honey Monsters y topping de Lions. Cuatro euros.

A nivel visual, parecía que mi tercer desayuno contenía la sífilis. El amarillo es un color muy malo para la leche.

Aun así, el juego de color entre la leche amarilla, los copos de arroz amarillo marronaceo (serían una marca extranjera. Pero eran idénticos a los Smacks de toda la vida) y las bolas marrones que eran los Lion (yo los consideraba cereales. Pero los expertos en cereales los consideran toppin) era digno de ser la decoración de un palacio.

Volví a mirar mi nuevo bol. No lo deseaba, pero debía comérmelo. Era mi tercer desayuno. Un desayuno por restaurante del cereal. Ese era el trato. A los segundos me abalancé sobre el bol, aceptando todos mis posibles futuros. En cuanto a sabor, fue el mejor de los boles; lástima que ya me había llenado de desayunos. No tenía sabores estridentes, era simplemente cereal, leche y chocolate. Me lo terminé con dificultad y huí del local.

Cómo conclusión, decir que nunca volveré a comer cereales en mucho tiempo; y que preferiría que mis hijos desayunen en un burdel a que lo hiciesen en un antro de cereales.

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